“DOCE HOMBRES SIN PIEDAD”: MANUAL DEL JURADO POPULAR


Cosa rara es aquél que sepa abandonar aquello más le agrada, pero si se trata de un intento de expandir nuestro intelecto hacia rutas desconocidas e interesantes, entonces dichosos sean los cambios provechosos. Y con estos cambios, me propongo abandonar temporalmente a mis queridas producciones de animación para concentrarme en las películas de carne y hueso. Y, ¡fuerte empezamos!, creo yo.

Hará unos seis meses aproximadamente tuve por destino lo que para muchos sería una desgracia: formé parte de un jurado popular. No creo que sea muy oportuno impregnar mis artículos de tintes, aunque sean pocos, sobre mi vida personal, sin embargo, el haber visto una película como “Doce hombres sin piedad” me ha motivado a lo siguiente: escribir, como siempre destacando los puntos más importantes y segundo, hacer un poco de comparaciones con mi propia experiencia.

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Para los que no la hayan visto no entenderán apenas el sentido de la introducción de mi artículo, de modo que, como siempre, es necesario presentar un poco la película seleccionada. “Doce hombres sin piedad” (“12 Angry Men”) es una película del año 1957 que nos muestra las horas de deliberación de un jurado popular obligado a atender un juicio en el que se acusa a un joven de los suburbios bajos de homicidio en primer grado por matar a su padre. Si es culpable, se le condenará a la pena de muerte. En un principio, todos los miembros parecen tener clara su culpabilidad pero sólo uno de ellos, el jurado número 8, parece tener dudas y decide reflexionar para darle una oportunidad, argumentando toda una serie de motivos.

Los actores protagonistas son: Henry Fonda (número 8), Lee J. Cobb (número 3), Joseph Sweeney (número 9), Martin Balsam (número 1), John Fiedler (número 2), E.G Marshall (número 4), Jack Klugman (número 5), Edward Binns (número 6), Jack Warden (número 7), Ed Begley (número 10), George Voskovec (número 11) y Robert Webber (número 12) los cuales encarnan los doce miembros del jurado, de los cuales casi ninguno revela su nombre.

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“Doce hombres sin piedad” es un excelente e interesante film sobre el poder de la decisión de un pueblo en un juicio aparentemente muy claro. De duración justa (unos 90 minutos) la película nos atrae notablemente por el caso que nos presenta, un caso aparentemente muy claro en el que poco a poco se desentrañan distintas irregularidades.

La película es un trabajo fundamentado principalmente en el diálogo, característica, a mi modo de ver, más recurrente en el cine de la época que en el de la actualidad. Se trata de conversaciones e intercambio de información continuo entre los distintos personajes que, por un lado, nos relatan por partes el caso expuesto en el juicio (al cual solo los protagonistas han asistido) y además nos muestra las distintas opiniones de cada uno de ellos. No vemos al acusado, ni a los testigos.

Cada personaje, pues, aporta diversas reflexiones en torno al caso, ya sea basándose en vivencias personales y sus propias observaciones, algunas de ellas quizás un poco forzadas y demasiado subjetivas, aunque quedan ampliamente compensadas por otras argumentaciones sólidas, objetivas y concisas, muchas de ellas apoyadas por demostraciones reales proporcionadas por los propios protagonistas.

Los personajes son todos de sexo masculino, de diferentes edades y evidentemente distintas personalidades, de modo que cada cual se caracteriza por su forma de ser. Tenemos el que no quiere bajarse del burro, tenemos el sabio que sabe de lo que habla, el que se muestra abierto ante nuevas aportaciones o el que mantiene una actitud pasiva en medio del debate, entre otros. Poco a poco, también se desvelan diversos detalles sobre las vidas personales de los mismos y muchos de estos detalles, son los que motivan al individuo a pensar y opinar de una manera u otra.

Destaco especialmente las actuaciones de Henry Fonda, Lee J. Cobb y Joseph Sweeney, por conseguir retratar a la perfección los rasgos más importantes de sus personajes para que el espectador llegue a conocerlos y así decidir incluso su propia posición en el juicio basándose en el tipo con el que más comparta su punto de vista.

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Además del caso mencionado, es evidente el trasfondo crítico de la película sobre las deficiencias del sistema judicial, muchas veces movidas por los perjuicios y, la procedencia y la situación económica de los implicados. Perjuicios que, en ocasiones, parecen poseer también muchos de los personajes del filme.

El ambiente caluroso, por su parte, concentrado en una sala pequeña junto con las prisas de algunos para salir de los juzgados, representa un entorno que favorece la aparición de las peores caras de los miembros del jurado, como el estrés, el agobio o la falta de empatía. El escenario, aunque sencillo, juega un papel fundamental en el estado de los protagonistas.

A continuación, voy a dedicar en una pequeña parte de mi artículo a comentar y comparar la que fue mi propia experiencia como miembro de un jurado popular en el momento de la deliberación con lo mostrado en la película.

Éramos un total de diez personas, cada una con distintas profesiones (un jubilado, un bombero, una arquitecta técnica y varios trabajadores del sector sanitario, entre otros) además de un par de estudiantes (uno de ellos, una servidora aquí presente).

Efectivamente, estuvimos encerrados en una sala pequeña y nos llevó un día y medio escribir el veredicto final. Teníamos a nuestra disposición (además de zumos y bollería, algo que se les debió olvidar al personal del tribunal de la película) todas las pruebas y grabaciones del juicio (que duró unos diez días), entre ellas, las armas y los planos del lugar de los hechos, sin embargo, no podíamos recurrir a ellas sin la presencia del personal y evidentemente tampoco nos las hubieran ofrecido sin guantes, algo que por el contrario, sí les permiten a los miembros del jurado del film.

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A la hora de votar no teníamos que debatirnos solamente entre dos opciones (“culpable/inocente”, en la película) sino en varias posibilidades relatadas en diversos párrafos (“homicidio/asesinato”, “alevosía/abuso de superioridad”, etc.) y no tenía que ser por unanimidad (“9-0”, en nuestro caso) sino que se permitía un resultado “7-2” pero no más. A partir de ahí, teníamos que ponernos de acuerdo y volver a votar. Además de esto, no votábamos “culpable/inocente” sino “hecho favorable/hecho no favorable”.

En conclusión, personalmente opino que el filme refleja de una manera muy fiel la dificultad que supone el tener que decidir sobre el destino de una persona. Es un peso en la consciencia lo de juzgar a un hombre.

Una anécdota: A pesar de su fracaso taquillero, llegó a recibir 3 nominaciones de la Academia de Hollywood por mejor película, mejor director, mejor guion adaptado (Fuente: http://novenadistopia.blogspot.com.es).

Bianca Delmenico

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