SOBRE “WATERSHIP DOWN” O CÓMO LOS CONEJOS DESACREDITARON MI INFANCIA


La primera vez que vi el título “Watership Down” quizá fuera en una de las numerosas listas de “La mejores películas de animación de todos los tiempos” que tanto me envicio en consultar. Si bien muchas veces nos encontramos ante el riesgo de que se instaure un posible “canon cinematográfico” en el que se deifican ciertas nimiedades y se olvidan auténticas obras de arte, debo decir que, en nuestro caso, “Watership Down” tiene bien merecido su puesto.

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“Watership Down”, “La colina de Watership” u “Orejas largas” es la historia de una pequeña congregación de conejos que, después de que uno de ellos tiene una visión funesta sobre el futuro de la madriguera, decide emprender un largo viaje rumbo a la colina de Watership, lugar idílico y prometedor en busca de un nuevo hogar. No obstante, Hazel, Fiver, Bigwig y sus compañeros tendrán que enfrentarse a un sinfín de obstáculos y peligros durante su travesía hasta que consigan su sueño.

Adaptada de la novela del mismo título de Richard Adams de 1972 y dirigida el año 1971 por Martin Rosen, lo cierto es que “Watership Don”, en contra de los que podamos suponer, es una película de animación que va destinada a un público adulto.

Acostumbrados a los animales de Walt Disney o nuestro eterno amigo Bugs Bunny, la obra toma un uso de dichos mamíferos para nada esperados en una película aparentemente de tal índole. Y es que “Watership Down” nos presenta una pequeña cosmogonía formada por distintas madrigueras en la que los conejos, al igual que las comunidades humanas, no solo cuentan con sus propios mitos, leyendas y refranes sino que a su vez, constituyen en una metáfora y alegoría a las lacras y complejidades de la historia humana.

Ubicada en medio de las placenteras praderas de Inglaterra, el filme empieza con la narración del mito de la creación del mundo del reino animal según el imaginario de nuestros protagonistas (representado muy acertadamente mediante imágenes de aspecto arcaico similares a las pinturas rupestres del período prehistórico).

El planteamiento es rápido y sencillo: Fiver, uno de los conejos más jóvenes del grupo, experimenta una visión (me atrevería a decir, digna de ser sucedánea de cualquier profecía presente en los libros bíblicos) en la que ve un enorme charco de sangre cubriendo toda su pradera. A partir de este momento, solo unos pocos deciden creerlo y abandonar el lugar en el que hasta ahora se encontraba su hogar.

La travesía, pues, junto con los peligros que conlleva constituye el hilo argumental en el que se desarrolla la mayor parte de la historia y se aprovecha para mostrar el reflejo de las peores caras de la sociedad humana, tales como: sociedades secretas, supremacía del más fuerte sobre el más débil, los regímenes dictatoriales y la industrialización. Dicha materia es representada con las figuras de diferentes animales depredadores por naturaleza (el gato, el águila o el perro), la figura del hombre y las distintas madrigueras e integrantes de su misma especie que conocen nuestros protagonistas durante su camino.

En los personajes, por su parte, advertimos la presencia de los roles tradicionales del héroe, el sabio o el malo, entre otros, por lo que al espectador no le puede ser difícil predecir, en cierto modo, el comportamiento y reacción de cada uno de ellos según las circunstancias en las que se encuentren.

Y por último, para todos aquellos que sigan creyendo que “Watership Down” es una película de tarde de domingo familiar, recalcamos especialmente la dureza de las imágenes de algunas escenas. En efecto, lejos de intentar dulcificar la realidad, los animales sangran de forma bastante explícita, babean cuando se dejan llevar por la ira e incluso algunos muestran episodios de fanatismo radical. No obstante, aprovecho para puntualizar, aun así, que en “Watership Down” los valores que se promueven son claramente positivos, valores como la amistad, el coraje y la bondad (quizás lo único que se acerque a la finalidad de una película infantil) que atesoran sin lugar a dudas nuestro pequeños protagonistas.

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En conclusión, “Watership Down” es todo un ejemplo de cómo el cine de animación puede superar los límites impuestos por tratarse de una técnica supuestamente restringida a las exigencias del público infantil, sin embargo, opino que quizás sea precisamente eso lo que magnifique aún más su trasfondo crítico, (no a todos nos puede ser fácil digerir la imagen de un conejo recitando versos destructivos) conseguido mediante un simple y bello conjunto estratégico.

Una anécdota: se dice que el director de cine George Lucas después de leer la novela de Adams, se animó a crear “una cosmogonía y un universo de su propia cosecha, naciendo así la saga Star Wars” (Fuente: www.wikipedia.org)

Extracto de la narración del mito de la creación del mundo: “Long ago, the great Frith made the world. He made all the stars and the world lived among the stars. Frith made all the animals […] Now, among the animals was El-Ahrairah, the Prince of Rabbits. […] But after a time, the rabbits wandered everywhere, multiplying and eating as they went. Then Frith said to El-Ahrairah, “Prince Rabbit, if you cannot control your people, I shall find ways to control them.” But El-Ahrairah would not listen and said to Frith, “My people are the strongest in the world.” […] This angered Frith, so he [..] gave a fierce desire to hunt and slay the children of El-Ahrairah. “All the world will be your enemy, Prince of a Thousand enemies. And when they catch you, they will kill you. But first they must catch you”.” (Fuente: www.imdb.com)

Bianca Delmenico

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