“CUANDO EL VIENTO SOPLA” NO ENTONA UNA CANCIÓN DE IRON MAIDEN


Existen muchas particularidades y tendencias artísticas de la raza humana. Existe la inocencia, la confianza, el teatro de lo absurdo, la música, el amor y la guerra. En resumidas cuentas y para introducir de forma rápida el comentario de la película, quiero empezar por declarar que “Cuando el viento sopla” es, sin duda, un inmerecido desconocido (y complejo) conglomerado de emociones, críticas y varias delicias cinematográficas.

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“Cuando el viento sopla”, cuyo título original es “When The Wind Blows”, es una película de animación de 1986 dirigida por el director japonés americano Jimmy Murakami. Los protagonistas, John y Hilda Bloggs, son una pareja de jubilados que vive en una remota zona rural de Sussex (Gran Bretaña) hasta que su apacible vida se ve interrumpida por un ataque nuclear orquestado por la Unión Soviética. Dicho suceso es mostrado desde la perspectiva del matrimonio, quiénes a pesar de la confusión y el miedo provocado por la seriedad de la situación, muestran una confianza intachable en el gobierno de su país.

La película es una adaptación de la novela gráfica de Raymond Briggs de 1982 y para su producción se utilizaron unas laboriosas y sobresalientes técnicas de animación para obtener el resultado final: una mezcla de escenarios formados a partir de maquetas reales y dibujos animados. De hecho, el filme empieza con imágenes bélicas reales y luego nos traslada al argumento principal de la película mediante la incursión del personaje del Sr. Bloggs consultando los titulares de los periódicos en la ciudad y cogiendo el autobús hasta llegar a su casa, donde le espera la Sra. Bloggs terminando de preparar la comida.

El argumento, a primera vista, puede fallar por su aparente falta de contenido, y de hecho, varias secuencias pueden llegar a rayar incluso en lo absurdo: antes del ataque, nuestros afables protagonistas deciden seguir a rajatabla las instrucciones de los panfletos proporcionados por el ayuntamiento para construir, en caso de ataque, un refugio antinuclear (aunque muchos de ellos se contradigan entre sí). Después del ataque, cuando esperan recibir ayuda, la pareja intenta en todo momento, seguir con su rutina aún mientras empieza a sufrir los efectos de las radiaciones. De este modo, la confusión, la vulnerabilidad de la pareja, así como la inutilidad de los medios de comunicación quedan patentes desde el primer instante. El desarrollo de la historia, por su parte, permite que el espectador aprecie por sí mismo el cambio progresivo del estado de los protagonistas y el impacto ecológico que se genera a partir del ataque mediante la atenuación de los colores de los fotogramas.

Sobre lo de la falta de contenido, repito que es solo algo aparente: la obra, que se estrenó con el lema “…It’s No Fairy Tale” (no es un cuento de hadas), consiste en una dura crítica a los conflictos bélicos y la incompetencia de los gobiernos en los momentos más difíciles. No obstante, la película no parece querer decidir cuándo deben ser los momentos más tristes para el espectador, es más, en ocasiones encontramos escenas relativamente cómicas con ciertos elementos  propios del humor negro.

En cuanto a los personajes solo es necesario valorar de forma muy positiva el realismo que se desprende de sus personalidades y forma de llevar las cosas, tan propias de las personas de la tercera edad. El amor, el patriotismo, la inocencia y la esperanza son elementos clave que nos acompañan a lo largo del filme a modo de desbarajuste y contradicción con la guerra nuclear que están viviendo.

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Para terminar, no podríamos completar la crítica de “Cuando el viento sopla” sin mencionar su excelente banda sonora. La obra cuenta con pistas de artistas y bandas de la talla de David Bowie (sobre todo con el tema principal de la película), Genesis y Roger Waters junto con The Bleeding Heart Band, su “banda de acompañamiento durante un breve período de carrera en solitario post-Pink Floyd”. (Fuente: www.wikipedia.org)

A modo de conclusión, solo puedo recalcar la simplicidad de todos los aspectos comentados presentes en “Cuando el viento sopla” como una muy buena forma de dar a comprender de forma inmediata el mensaje que nos quiere transmitir la película: un mensaje de amor, solidaridad y, sobretodo, de paz.

Una anécdota: se dice que en los créditos finales de la versión original se puede oír la palabra MAD en código morse. Dichas siglas significan “Mutually Assured Destruction” (Destrucción Mutua Asegurada), “doctrina concebida por John von Neumann de una situación en la cual cualquier uso de armamento nuclear por cualquiera de dos bandos opuestos podría resultar en la completa destrucción de ambos (atacante y defensor).” (Fuente: www.diclib.com)

Bianca Delmenico

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